Su mirada

Se está yendo, lo sé.

Miro al frente al infinito,  buscando su presencia, ella está ahí pero no, me mira y no me mira. Mira a través de mí y no a mí, lleva ya 10 días sin hablar y con la mirada perdida.

Es un día especial, pero no lo sabemos, para mi es otro día más con las esperanzas rotas, ella sigue igual.

La saludo, silencio, no me acostumbro a eso, un silencio impenetrable, un silencio seco que asusta, ni con la mirada puedo saber si me escucha o no.

Reclinada en la cama, sigue inmóvil, en frente unos platos medio vacios dan cuenta que es el segundo turno de visitas, luego del almuerzo.

Me acerco, y le tomo la mano, me aprieta. Ahora sé que ella sabe que estoy aquí, eso me alegra un poco. Su mirada sigue en el infinito, yo la miro, miro los platos y me alegra ver que comió más de lo usual en esos días. Digo alegre ¿comiste rico? Y sin que me lo esperará me mira, Me mira y hace una mueca que ambas entendemos, se está burlando de la pregunta absurda cuando las pruebas están en frente. Me sonríe con los ojos  me sujeta más fuerte la mano.

Yo, en ese instante soy la mujer más feliz del mundo, me miró de verdad, como solía hacerlo antes de entrar a esta sala fría de cuidados intensivos. Esa mirada fueron segundos, esos segundos magia pura.

Nuestros ojos se cruzaron, fui feliz. Yo no recuerdo la primera vez que lo hicieron, pero seguro que ella si, fui su primera hija y aunque hubiese sido la quinta, dicen que ese momento se graba para siempre en la memoria de las mamás. La última vez que eso suceda ella no lo recordará, pero yo sí, el primero fue su momento y el último el mío.

Después de un monologo sobre mi día y el de mi hermanita, debo decir adiós, quiero repetir y busco sus ojos, pero ella ya no está, otra vez volvió a su mundo. Me despido, me sujeta más fuerte, trato de soltarme y ella me lo impide, no me ve, pero sabe que estoy ahí, no quiere que me vaya, yo tampoco, pero afuera esperan por su turno, se lo explico y prometo regresar mañana en la primera ronda de visitas.

La beso en la frente, mientras ruego por que mañana me regale otros segundos de mirada real, de magia.

Pero es tarde para ruegos, la magia dura poco, lo bueno dura poco, los 14 años que la tuve valieron la pena y esos segundos fueron su adiós, ella lo sabía.

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Todo sigue igual

Encontrarse frente a frente y saber que todo ha cambiado, pero todo sique igual.

Él es igual, se expresa igual, se ve casi igual, sus ideas, pensamientos y preocupaciones son los mismos con distintos protagonistas, pero en esencia el mismo.

Tu no y por eso ya nada es igual, ya no están juntos, no se ven todo el tiempo, donde estaban las mariposas solo queda una extraña sensación de nostalgia y rechazo, tu ya no quieres lo que querías, no sufres por lo que sufrías, vives igual de intensamente pero distinto.

Por fortuna lo que fue, fue antes y no ahora, antes cuando tú eras otra y él el mismo.

Miedo

No tengo miedo de seas feliz con otra.

No tengo miedo de no volver a ser feliz.

Tengo miedo de llegar a casa y que el vacio, que me entra al silencio, a la nada, me llene por completo.

El silencio a tu lado era eso que solo tu yo podíamos ser, eran todas las versiones de nosotros mismos condensadas en un instante.

Tengo miedo de haber sido infiel a mis pensamientos, sueños e intereses por no tenerte aquí.

Tengo miedo a la mirada en el espejo, gritándole a mi alma que tendremos que esperar una vida más para estar completos.

Extraño, extráñame.

Y no me sorprende que nos ignoremos, no me sorprende que de vez en cuando unos recuerdos fantasiosos aparezcan, me sorprende la habilidad para cruzarte en el camino de mis personajes principales cada vez que intento escribir.

La habilidad que has desarrollado para en silencio llenar mi mente,  es raro, cuando ese era tu propósito no eras tan efectivo. Ahora lejos y distantes, ahí estás en el subconsciente todo el tiempo y en el consciente, a veces, solo a veces.

Y me sorprende cómo nos las arreglamos para que la distancia no importara en otras ocasiones, y ahora, cuando era más fácil conseguimos hacer totalmente lo opuesto.

La distancia es la misma, pero la sensación es distinta, distante, profunda y lejana. Debe ser por que antes no te paseabas entre mis pensamientos, solo existías si hablabas, ahora existes cuando callas y cierras los ojos para no verme.

Antes me sorprendía que siempre estuvieras ahí, me sorprendía que fueras lo que fuiste, pero ya nada me sorprende de ti, tu ausencia te ha borrado de mis cotidianidades pero mi mente quiere que un día no muy lejano me sorprendas con un hola a nuestro estilo.

Que un día me sorprendas, para recordarme que me extrañas. Porque yo te extraño, y sobre todo, extraño saber que me extrañas.

Las Mariposas del principio

Ahí estaba ella, temblando como al principio, creyendo que quería volver a sentir lo de antes, sintiendo como la boca del estomago se le estremecía.

Esas mariposas tienen el efecto de borrar los recuerdos malos.
Encontrarla a ella otra vez le generaba angustia, le alborotaba la ansiedad le revivía ese no sé qué de antes.
No pasó nada, cruzaron miradas, intercambiaron saludos, pero no pasó nada.
Al llegar a casa, las mariposas volaron, quedaron el jardín, y los recuerdos de por qué no más seguían ahí, reaparecieron.

Por eso no volvió a creer en las mariposas del principio, que a veces revolotean en los encuentros después del final.

De intermitencias

Y es que me gustan nuestras intermitencias

Nuestros ires y venires, nuestros secretos y nuestros gritos.

Cuando estás solo, cuando estoy sola, cuando acompañados somos el uno para el otro la otra compañía.

Cuando de lejos somos amigos, cuando para todos somos menos que eso, cuando somos algo más que eso, cuando solo somos conocidos.

Estas ahí, en mi historia, en mi vida. Estoy ahí cuando hay que hablar de amores, cuando hay que hablar de penas. Estamos el uno para el otro, siempre ha sido así.

No eres mi amigo, no soy tu amada, no somos amantes, no fuimos ni seremos. Solo somos, somos intermitentes, como las luces navideñas, que se apagan al ritmo de villancicos, al ritmo de la vida.

Me gustan nuestras intermitencias, porque aún en los momentos oscuros y apagados sé que cuento contigo.

Amigas

Todas tenemos amigas del alma, de las que son como hermanas, unas hacen de la mayor y otras de la menor.

Tenemos esa amiga que no disimula, la de las choco-aventuras que solo le pasan a ella, la enamorada del amor (sin importar el novio de turno), la que cree que no va a encontrar el amor, la que ya lo encontró, la que sabe que no necesita ese tipo de amor para ser feliz, la que olvida todo con facilidad, la que lo recuerda todo con exactitud, la que nunca llama o nunca ves, la que ves todos los días, la que está más loca que uno y la que admiramos desde lo más profundo de nuestro ser.

Y con seguridad todas tenemos una (o varias) que tiene un poco de todas, y es única, especial e irremplazable.

De esas amigas, las de verdad, las que conozco desde chiquita y saben que no crecí más, y las que acabo de conocer y parece que siempre nos conocimos.

De todas aprendí, aprendo y aprenderé algo y a todas les debo mucho.

Amigas