Todo sigue igual

Encontrarse frente a frente y saber que todo ha cambiado, pero todo sique igual.

Él es igual, se expresa igual, se ve casi igual, sus ideas, pensamientos y preocupaciones son los mismos con distintos protagonistas, pero en esencia el mismo.

Tu no y por eso ya nada es igual, ya no están juntos, no se ven todo el tiempo, donde estaban las mariposas solo queda una extraña sensación de nostalgia y rechazo, tu ya no quieres lo que querías, no sufres por lo que sufrías, vives igual de intensamente pero distinto.

Por fortuna lo que fue, fue antes y no ahora, antes cuando tú eras otra y él el mismo.

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Miedo

No tengo miedo de seas feliz con otra.

No tengo miedo de no volver a ser feliz.

Tengo miedo de llegar a casa y que el vacio, que me entra al silencio, a la nada, me llene por completo.

El silencio a tu lado era eso que solo tu yo podíamos ser, eran todas las versiones de nosotros mismos condensadas en un instante.

Tengo miedo de haber sido infiel a mis pensamientos, sueños e intereses por no tenerte aquí.

Tengo miedo a la mirada en el espejo, gritándole a mi alma que tendremos que esperar una vida más para estar completos.

La pregunta

– “y has sido feliz?” -le preguntó.

él se quedó mirándola fijamente, pensando.

No sabía cómo responder o cómo preguntar a qué se refería, ¿feliz cómo con ella? ¿con alguien más? ¿en la vida?. Fue feliz, diferente, pero si lo fue.

Ella por su parte notó la incomodidad en el ambiente, quería retractarse, eso no era lo que quería preguntar, a él se le notaba que era feliz, ella misma era feliz y fue feliz, como con él y distinto también.

-“¿puedo ofrecerles algo de postre?” – interrumpió el mesero.

Ambos alzaron la mirada y agradecieron su presencia. Ordenaron el postre de siempre, el de antes.

Y la cena retomo el ritmo que llevaba, siguieron de largo obviando la incomoda pregunta a la que ambos tenían respuestas.

Extraño, extráñame.

Y no me sorprende que nos ignoremos, no me sorprende que de vez en cuando unos recuerdos fantasiosos aparezcan, me sorprende la habilidad para cruzarte en el camino de mis personajes principales cada vez que intento escribir.

La habilidad que has desarrollado para en silencio llenar mi mente,  es raro, cuando ese era tu propósito no eras tan efectivo. Ahora lejos y distantes, ahí estás en el subconsciente todo el tiempo y en el consciente, a veces, solo a veces.

Y me sorprende cómo nos las arreglamos para que la distancia no importara en otras ocasiones, y ahora, cuando era más fácil conseguimos hacer totalmente lo opuesto.

La distancia es la misma, pero la sensación es distinta, distante, profunda y lejana. Debe ser por que antes no te paseabas entre mis pensamientos, solo existías si hablabas, ahora existes cuando callas y cierras los ojos para no verme.

Antes me sorprendía que siempre estuvieras ahí, me sorprendía que fueras lo que fuiste, pero ya nada me sorprende de ti, tu ausencia te ha borrado de mis cotidianidades pero mi mente quiere que un día no muy lejano me sorprendas con un hola a nuestro estilo.

Que un día me sorprendas, para recordarme que me extrañas. Porque yo te extraño, y sobre todo, extraño saber que me extrañas.

De intermitencias

Y es que me gustan nuestras intermitencias

Nuestros ires y venires, nuestros secretos y nuestros gritos.

Cuando estás solo, cuando estoy sola, cuando acompañados somos el uno para el otro la otra compañía.

Cuando de lejos somos amigos, cuando para todos somos menos que eso, cuando somos algo más que eso, cuando solo somos conocidos.

Estas ahí, en mi historia, en mi vida. Estoy ahí cuando hay que hablar de amores, cuando hay que hablar de penas. Estamos el uno para el otro, siempre ha sido así.

No eres mi amigo, no soy tu amada, no somos amantes, no fuimos ni seremos. Solo somos, somos intermitentes, como las luces navideñas, que se apagan al ritmo de villancicos, al ritmo de la vida.

Me gustan nuestras intermitencias, porque aún en los momentos oscuros y apagados sé que cuento contigo.