Escribir

Por muchos años salía natural, escribir ficción salía natural, al punto de que solo necesitaba que alguien me nombrara un objeto, un sustantivo, era suficiente para que yo escribiera una historia corta. Recuerdo los blocks de papel amarillo que llene a punta de –“Papá, dime una palabra” así de fácil salía. Tal vez no eran premios nobeles, tal vez no eran interesantes o maduros, eran solo escritos. Pero fluía.

Ahora cada vez que intento escribir ficción, imaginar mundos paralelos, vidas paralelas, no hago sino mezclar todo con la realidad y al final ya no sé qué escribo. No hago sino llenarlos de sentimientos y ganas de llorar.

Definitivamente eso que dicen los que escriben es muy cierto, ( y yo que no hacía más que leerlos y asentar con la cabeza). Escribir se hace escribiendo, escribir es como un musculo, mientras más se ejercita más fuerte se hace y menos difícil parece cada entrenamiento.

Voy a volver a escribir. No por nadie ni para nadie, por mí, porque a veces siento que escribir y no escribir es lo que me separa de mi misma, de la verdadera yo. La que sonreía de verdad y la que se paraba y buscaba lo que quería sin tanto miedo, solo con una sensación en la boca del estomago que una vez superada daba paso a las mariposas de emoción. La que podía ser feliz.

Escribir es tal vez lo único que puedo recuperar de todo lo perdido en estos años. Es lo único que perdí que puede volver a mi antojo. Y aunque no es lo más importante perdido, es lo que me queda.

Porque eso de escribir, no es para contar una historia, no es para inventar vidas, es para que sea más fácil vivir la que uno ya tiene.

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Todos somos mágicos

Los lienzos están en blanco, las emociones fluyen en colores y el suelo caen gotas de vida. El espacio se llena de notas musicales y acorde melódicos. Las letras inundan las páginas, la mano va más rápido que los pensamientos. El movimiento y el ritmo recorren el cuerpo, el sudor baja por la espalda, el corazón se acelera y el aliento se pierde.

Todos sanamos de a poco, bailando, escribiendo, pintando… creando.

Ese poder mágico a veces se esfuma, o se diluye en la rutina.

Son sanadores, la mayoría de los dones, todos tenemos alguno, unos pocos son bendecidos y tienen más de uno, hay quienes creen no tener ninguno. Algunos saben que deben tener uno, pero no saben bien cual, entonces chapucean de un lado a otro en su búsqueda, sin darse cuenta que ese es un don, encontrar sanación y plenitud en comodas cuotas en más de una forma.

Pero todos los tenemos, tenemos ese poder de sanarnos a través de ese poder, esa habilidad, esa pasión, no se necesita ser el mejor, no hay que ser Beethoven o el siguiente nobel de literatura, con tu poder, solo basta dejarlo fluir, solo basta creer en ti..

Para sanar hay que crear, hay que creer.

Eso de perdonar

Si luego de perdonar, tus pensamientos siguen revoloteando con dolor y rabia en tu interior, no lo has logrado, el perdón no ha llegado a tu alma.

El perdón llega cuando sientes que no esperas que ni siquiera el karma llegue a tu agresor. Cuando, conscientemente, sabes que tu agresor es mucho más que eso, es otro ser, que ama, que sufre, que siente, que vive y que como todos, comete errores.

Cuando perdonas de verdad solo esperas que quien cometió el error salga del circulo, que crezca como tú lo has hecho con la situación.

Solo esperas, por el bien de los implicados, que el circulo de causa  efecto se rompa, que el efecto no sea nunca más una causa, que el amor lo  transforme todo.

Perdonar tampoco es quedarse y poner la otra mejilla, no es permitir que el otro siga en el error. Perdonar es un regalo para uno mismo, para dejarlo ir, para vivir tranquilos, para aprender que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Cuando al pasar  el tiempo y creyendo que habías perdonado, el dolor y la rabia quieran apoderarse de tus pensamientos, recuerda que la vida es neutra, que cada uno decide cómo sentirse, que la mente y el ego son incapaces de perdonar, que solo el corazón y el alma pueden

Ella

Ha sido mis ganas de vivir más de una vez

También la culpable de varias canas que saldrán pronto.

No la planeé.

Fue parte de mis sueños y deseos de infancia

Mis recuerdos de ella varían de momentos mágicos y lindos a madrugadas de angustia y preocupación.

Por ella soy capaz de dar la vida, pero sobreviviremos a nuestras ausencias y distancias.

Es mi luz aunque ella no sea consciente de cuánta trae en su interior.

Hermana no es la palabra que mejor la describe, pero es la única inventada para nuestra relación.

Ella fue el mejor regalo que me dio mamá.

Eso somos

Y entonces el susurro de la vida te recuerda, me recuerda, nos recuerda.

Eso somos, susurros a la memoria, a la fibra, somos un estremecimiento de felicidad, de tristeza, de las llamadas no recibidas, del adiós olvidado, de la sonrisa imborrable.

Somos el respiro de la memoria, la palabra que llegó al fondo, el abrazo irrompible y una caricia intocable. Esa mirada, esa sonrisa, el susurro a veces es un grito, una lágrima, una carcajada.

Eso somos. Eso fuimos y eso seguiremos siendo.

Su mirada

Se está yendo, lo sé.

Miro al frente al infinito,  buscando su presencia, ella está ahí pero no, me mira y no me mira. Mira a través de mí y no a mí, lleva ya 10 días sin hablar y con la mirada perdida.

Es un día especial, pero no lo sabemos, para mi es otro día más con las esperanzas rotas, ella sigue igual.

La saludo, silencio, no me acostumbro a eso, un silencio impenetrable, un silencio seco que asusta, ni con la mirada puedo saber si me escucha o no.

Reclinada en la cama, sigue inmóvil, en frente unos platos medio vacios dan cuenta que es el segundo turno de visitas, luego del almuerzo.

Me acerco, y le tomo la mano, me aprieta. Ahora sé que ella sabe que estoy aquí, eso me alegra un poco. Su mirada sigue en el infinito, yo la miro, miro los platos y me alegra ver que comió más de lo usual en esos días. Digo alegre ¿comiste rico? Y sin que me lo esperará me mira, Me mira y hace una mueca que ambas entendemos, se está burlando de la pregunta absurda cuando las pruebas están en frente. Me sonríe con los ojos  me sujeta más fuerte la mano.

Yo, en ese instante soy la mujer más feliz del mundo, me miró de verdad, como solía hacerlo antes de entrar a esta sala fría de cuidados intensivos. Esa mirada fueron segundos, esos segundos magia pura.

Nuestros ojos se cruzaron, fui feliz. Yo no recuerdo la primera vez que lo hicieron, pero seguro que ella si, fui su primera hija y aunque hubiese sido la quinta, dicen que ese momento se graba para siempre en la memoria de las mamás. La última vez que eso suceda ella no lo recordará, pero yo sí, el primero fue su momento y el último el mío.

Después de un monologo sobre mi día y el de mi hermanita, debo decir adiós, quiero repetir y busco sus ojos, pero ella ya no está, otra vez volvió a su mundo. Me despido, me sujeta más fuerte, trato de soltarme y ella me lo impide, no me ve, pero sabe que estoy ahí, no quiere que me vaya, yo tampoco, pero afuera esperan por su turno, se lo explico y prometo regresar mañana en la primera ronda de visitas.

La beso en la frente, mientras ruego por que mañana me regale otros segundos de mirada real, de magia.

Pero es tarde para ruegos, la magia dura poco, lo bueno dura poco, los 14 años que la tuve valieron la pena y esos segundos fueron su adiós, ella lo sabía.

Miedo

No tengo miedo de seas feliz con otra.

No tengo miedo de no volver a ser feliz.

Tengo miedo de llegar a casa y que el vacio, que me entra al silencio, a la nada, me llene por completo.

El silencio a tu lado era eso que solo tu yo podíamos ser, eran todas las versiones de nosotros mismos condensadas en un instante.

Tengo miedo de haber sido infiel a mis pensamientos, sueños e intereses por no tenerte aquí.

Tengo miedo a la mirada en el espejo, gritándole a mi alma que tendremos que esperar una vida más para estar completos.