Nos quieres bien

Donde estés, Estás.

Estás bien, con un cigarrillo y un café

Nos ves llorar, y ya no entiendes.

Nos quieres bien, sabes que ya no hay vuelta atrás

Sabes que saldremos bien, aunque parezca una montaña rusa

Un café que ya no tomamos. Un abrazo que ya no sentimos, un abrazo con el que el cerebro nos engaña durante las noches.

Nos visitas, nos miras. Lo sueño, lo creo.

Nos quieres bien, lo sé, pero a veces es inevitable.

Es inevitable el dolor de tu ausencia, es inevitable preguntarnos “y si…”

Nos quieres bien, como siempre nos quisiste con todo tu corazón.

Y aunque es difícil y a veces no queremos, no tenemos opción. Nos quieres bien y tendremos que aprender a estar bien en tu ausencia.

Tendremos que aprender a valorar lo bueno de la vida aunque tú no puedas vivirla.

Nos quieres bien, y la vida llega y continúa, y las lagrimas silenciosas serán nuestra compañía cuando más felices nos sintamos.

Estaremos bien, nos quieres bien, te queremos bien.

Anuncios

Un nudo en la garganta

Un nudo en la garganta me ahoga

Esta calle me recuerda a ti. Trago duro y contengo las lagrimas. Esto me recuerda que no volveremos a caminar juntas, esta ordinaria calle. Alguien saluda al otro lado, sonrío mientras una lágrima desanda el medio milímetro que logró avanzar.

Tu recuerdo, la ciudad llena de vos, los ojos de tus amigos al verme. Mi corazón al recordar sus nombres, sus historias en tu voz. Ahí está el nudo otra vez, trago fuerte y sonrío diciendo que si, que estamos mejor, que gracias. Me alejo.

Me miro al espejo y no me encuentro, pero tampoco a vos.

Fuimos tan felices como pudimos, te amé más de lo que imaginaba posible.

El nudo otra vez, frente a la ventana, mi reflejo, tu recuerdo. Nuestras charlas con el reflejo no se podrán borrar de mi mente ni de cada ventana donde me refleje. Fue muy poco tiempo, fue mucho tiempo, fue el tiempo que debía ser. Me lo pregunto, me lo afirmo, me lo digo. No me convenzo, no lo creo.

Aparece el nudo. Lo que antes me hacía llorar con facilidad ahora no me produce nada. Rio con facilidad como de costumbre, pero con el nudo en la garganta y sin la alegría en el corazón.

Sigo adelante y sonrío.

Llega el nudo, no se desata, no se diluye en lágrimas. Porque la fortaleza está sobrevalorada, la soledad subvalorada y las lagrimas mal usadas.

Sonrío, porque el show debe continuar.

Adiós

Esto no puede estar sucediendo. Me digo a mi misma, mientras busco la ropa para empacar, cojo todo, lo doblo, lo desdoblo, no empaco nada.

Salgo del cuarto busco un pantalón, regreso con las manos vacías, la cara seca, impávida. Me siento, silencio, silencio infinito.

“esto no puede estar sucediendo, me tengo que despertar”

Me pellizco, me agarro con fuerza a mí misma, intento despertarme de mi peor pesadilla.

Silencio.

Recuerdo el pantalón y salgo a buscarlo otra vez. regreso, lo empaco. Vuelvo a sentarme en silencio.

Me balanceo, recuerdo la voz de mi papá dando la noticia, la siento retumbando en mí. Debo mantener la compostura pero las lágrimas me atacan. Me rompí.

Se fue, se fue para siempre. Se fueron los sueños juntas, las risas, los ataques de besos, los días de las hermanas, las promesas de ancianato, los viajes en moto, las piedras de todo el mundo. Todo, se fue todo.

Y ahora yo debo alistar maleta, regresar a casa, a una casa que nunca más será la misma, que nunca será igual, ya nada será igual. Ni quiera las cosas nuevas, ni si quiera lo que nunca había visto, porque ahora son sólo cosas maravillosas y momentos increíbles que nunca podré compartir con ella.

Y ahora regreso a decir adiós, no hasta luego como la última vez que la toqué, que la besé.

Regreso a tratar de sanar con amor todo lo que está roto. Regreso a las raíces que por segunda vez se agarran fuertemente al piso, para que todos los árboles que dependen de ellas no se derrumben.

Decirle adiós a ella, ha sido lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida. Pero que mamá y papá un día la tuvieran fue lo mejor que me pudo pasar. Ahora quien me dio el mejor regalo de mi vida, mamá, y ese regalo preciado, ella, están juntas otra vez.

Y ahora, otra vez, nosotros tenemos que continuar. Porque no era una pesadilla, porque dijimos adiós y porque soñamos con encontrarnos de nuevo.

Ella

Ha sido mis ganas de vivir más de una vez

También la culpable de varias canas que saldrán pronto.

No la planeé.

Fue parte de mis sueños y deseos de infancia

Mis recuerdos de ella varían de momentos mágicos y lindos a madrugadas de angustia y preocupación.

Por ella soy capaz de dar la vida, pero sobreviviremos a nuestras ausencias y distancias.

Es mi luz aunque ella no sea consciente de cuánta trae en su interior.

Hermana no es la palabra que mejor la describe, pero es la única inventada para nuestra relación.

Ella fue el mejor regalo que me dio mamá.

La cita

Pidió como de costumbre su mochachino, ese era el mejor lugar para tomar uno.

Se sentó con su libro, a la cita esperada, se sumergía en las letras y el mundo paralelo en el que había empezado a vivir 70 páginas atrás.

Está concentrada, viviendo en otro mundo, otra vida, esa su cita perfecta: ella, su libro y un mocha.

Una mujer se acerca y pregunta la hora, pero ella tarda en reaccionar, mira con desgano su celular y responde en automático 3:15, sin levantar los ojos del libro.

La joven parada en frente sonríe, y dice: “gracias… yo también lo leí con esa intensidad”.

Entonces Carolina levanta la mirada, y al encontrarse con esos ojos profundos, esas facciones delicadas y ese cabello corto, sintió que ya nada volvería a ser igual, ni siquiera su libro, con las hojas impresas varios años atrás. Sonríe nerviosa, algo incomoda, su contraparte hace el gesto de sentarse y pregunta con la mirada si puede hacerlo.

Carolina responde asentando con la cabeza, esto nunca le había pasado, ni con todos los hombres que había conquistado durante años, siempre era ella la que los embrujaba, siempre eran ellos los que se quedaban sin palabras, sin aliento.

Se sentaron frente a frente, con sus respectivas bebidas, con un libro de por medio, ambas ya lo sabían, nada volvería a ser igual.

Eso somos

Y entonces el susurro de la vida te recuerda, me recuerda, nos recuerda.

Eso somos, susurros a la memoria, a la fibra, somos un estremecimiento de felicidad, de tristeza, de las llamadas no recibidas, del adiós olvidado, de la sonrisa imborrable.

Somos el respiro de la memoria, la palabra que llegó al fondo, el abrazo irrompible y una caricia intocable. Esa mirada, esa sonrisa, el susurro a veces es un grito, una lágrima, una carcajada.

Eso somos. Eso fuimos y eso seguiremos siendo.

Darse cuenta

Cuando se dio cuenta y quiso recuperar el tiempo perdido, ya era tarde. Tantos años y no se había dado cuenta, tantos años de amistad y de amor, si de amor, de un amor distinto, tan distinto que no lo había identificado como tal.

Un amor que se disfrazó de capricho, de amistad, de tabú.

Ahora cuando él por fin se dio cuenta que nada era lo que parecía, ya era tarde. Ella hacía rato había perdido las esperanzas, ella se había resignado a la idea de que lo de ellos no trascendería. Ahora cuando él era su mejor amigo, ahora ya era tarde para ambos.

Él acababa de percatarse, que las esperanzas se habían esfumado, su amor ya no sería, y ella, bueno ella se dio cuenta que él no era su mejor amigo.